Obligaciones Sociales

Nuestro objetivo será cumplir con las obligaciones que tenemos hacia la sociedad, siendo buenos ciudadanos, corrigiendo las injusticias sociales y protegiendo la santidad de la vida.

Ser buenos ciudadanos

Como cristianos somos miembros del reino de Dios, aunque también lo somos de la sociedad de este mundo. La obediencia a Dios nos requiere que actuemos de una manera responsable como ciudadanos de nuestros países (Marcos 12:13-17; Romanos 13:1-7; I Pedro 2:13-17).  Por lo tanto, debemos apoyar la ley y el orden civil; respetar a nuestros líderes y orar por ellos; participar en las actividades de las escuelas, de la comunidad y del Gobierno; ejercer nuestro derecho al voto y expresarnos con relación a asuntos morales claramente definidos.  La ley de Dios es suprema, pero debemos obedecer las leyes de nuestro país, siempre y cuando no estén en conflicto con la obediencia a Dios (Hechos 5:29). Cuando sea necesario estar en desacuerdo con las prácticas y los requerimientos del Gobierno, debemos hacerlo motivados por la preocupación de promover la justicia y no por el simple deseo de disentir y estar en controversia.

Corregir la injusticia social

El amor por los demás y el reconocimiento de que todas las personas son iguales ante los ojos de Dios (Hechos 10:34; 17:26) deben motivarnos a hacer algo por mejorar la situación de los menos privilegiados, abandonados, hambrientos, sin hogar y las víctimas de prejuicios, persecución y opresión (Mateo 22:39; Romanos 13:8-10; I Juan 3:17). En todas nuestras relaciones debemos ser sensibles a las necesidades humanas (Lucas 10:30-37; Santiago 1:17) y evitar la discriminación racial y económica. Toda persona debe tener libertad para adorar y participar en la vida de la iglesia, sin importar su raza, color, sexo, clase social o nacionalidad.

Proteger la integridad de la vida

La vida es algo que solamente Dios da (Génesis 1:1-31); por lo tanto, somos responsables ante el Creador de cuidar de la nuestra y la de otros.  Si las circunstancias lo requieren, debemos estar dispuestos a cualquier sacrificio por servir a los demás (Juan 15: 13); pero la regla general es que respetemos nuestra vida y utilicemos todos los medios posibles para conservarla. Dios es el único que confiere la vida y sólo Él decide cuándo debe terminar (Salmos 31:14-15). En vista de que un feto humano es sagrado y bendecido por Dios, tenemos la responsabilidad de proteger la vida de los que aún no han nacido (Jeremías 1:5; Lucas 1:41). Es nuestra firme convicción que el aborto, la eutanasia (muerte provocada a los ancianos, impedidos mentales, enfermos de muerte, o incompetentes en cualquier forma), por razones de conveniencia personal, adaptación social o ventajas económicas, son moralmente incorrectos.

Además, creemos que es nuestra responsabilidad cristiana cuidar de la Tierra y sus recursos. En el principio, Dios dio al  ser humano el dominio sobre la Tierra (Génesis 1:26-30), sin embargo, esto no nos da derecho a contaminar nuestro medio ambiente o desperdiciar los recursos naturales.