CELEBRACIÓN DE NUESTRA HERENCIA: RESOLUCIÓN CENTENARIA SOBRE LA FE, IDENTIDAD Y MISIÓN (1996)

I. Implementación de nuestra misión

 

POR CUANTO la Iglesia de Dios ha experimentado 100 años de avivamiento en el Espíritu Santo desde el derramamiento del Espíritu Santo en la Escuela Shearer en 1896; y

 

POR CUANTO Dios ha bendecido y prosperado abundantemente a la Iglesia de Dios, tal como lo evidencia su crecimiento de más de 4 millones de miembros y su representación en 160 países alrededor del mundo; y

POR CUANTO La Gran Comisión de Jesucristo de “id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” no puede ser cumplida a menos que los creyentes asuman la responsabilidad de ser testigos personales,

RESUÉLVASE, POR LO TANTO, que nosotros reafirmamos nuestra misión de perpetuar el evangelio completo de Jesucristo (Mateo 28:l9-20), en el Espíritu y poder de Pentecostés (Hechos 2:1-4, 6, 13-18), mediante la atención y el énfasis específico en la centralidad de la Palabra de Dios, la evangelización del mundo, el desarrollo ministerial, el discipulado cristiano, el ministerio laico, la mayordomía bíblica, el “iglecrecimiento”, el establecimiento de iglesias, el enriquecimiento familiar y el liderato de servicio; y

RESUÉLVASE, ADEMÁS, que implementemos esta misión de manera expeditiva, utilizando todo recurso disponible, entendiendo la urgencia de la hora y reconociendo nuestra dependencia en el poder del Espíritu Santo para alcanzar eficazmente a nuestra generación para Cristo.

 

II. Reafirmación de nuestra fe

 

POR CUANTO uno de los puntos más fuertes de la Iglesia de Dios ha sido, y sigue siendo, nuestra insistencia en la autoridad de las Escrituras; y

POR CUANTO si nosotros hemos de perpetuar el Pente­costés en su forma más pura y dinámica, debemos hacer todo lo posible para preservar su integridad doctrinal; y

POR CUANTO la Iglesia de Dios sostiene hoy, como siempre ha sostenido, la Biblia completa, debidamente trazada, y el Nuevo Testamento como la única regla de gobierno y disciplina; y

POR CUANTO la Iglesia de Dios ha buscado desde su fundación, y sigue buscando, ejemplificar la santidad tanto individual como colectiva a la luz de la pureza de Cristo y de su pronto regreso (1 Juan 3:1-3); y

POR CUANTO el éxito o fracaso de esta herencia pentecostal que tratamos de perpetuar dependerá de lo bien que vivamos la fe que proclamamos;

RESUÉLVASE, POR LO TANTO, que nosotros reafirmamos nuestra Declaración de Fe como una declaración exacta y eficaz de nuestra postura teológica; y

RESUÉLVASE, ADEMÁS, que reafirmamos nuestra con­fianza en nuestros principios doctrinales y prácticos como posturas sólidas y bíblicas, y creemos que estas normas establecen expectativas de fe realistas; y

RESUÉLVASE, ADEMÁS, que reafirmamos nuestra tradición pentecostal de santidad y nuestra herencia teológica fundamental a medida que servimos a Dios apuntando hacia el siglo venidero.

 

III. Reconocimiento de nuestra identidad

 

POR CUANTO la Iglesia de Dios desde su fundación ha tenido sus propias características que la identifican y fue organizada para que fuera distinta de otras iglesias que fueron percibidas como que comprometieron su integridad bíblica; y

POR CUANTO la tendencia de individuos, así como de comunidades, después de un tiempo, es llegar a ser como los demás y perder lo que les distingue; y

POR CUANTO en medio de la perversidad y corrupción del mundo, la apostasía y la transigencia que caracteriza a gran parte de la iglesia moderna, nosotros necesitamos confesar nuestros pecados, evitar caer en concesiones, y orar con denuedo en cada generación, creyendo que Dios limpiará y nos seguirá limpiando de todo pecado;

RESUÉLVASE, POR LO TANTO, en esta ocasión de la celebración centenaria del derramamiento del Espíritu Santo en la Escuela Shearer, que reafirmamos nuestro compromiso con los principios sobre los cuales fue fundado el movimiento y por los que ha sido guiado por 110 años; y

RESUÉLVASE, ADEMÁS, que reafirmamos nuestra irrefutable identidad como una iglesia pentecostal, la cual sigue creyendo en el bautismo del Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en otras lenguas según el Espíritu dirija en las vidas de los creyentes, y en la operación de los dones espirituales en la vida de la Iglesia; y

RESUÉLVASE, FINALMENTE, que reafirmamos nuestra creencia y nuestro compromiso con nuestros distintivos históricos. Que seamos conocidos permanentemente como una iglesia cristiana, santa, pentecostal, evangelizadora, benévola y que hace discípulos. 

Historia

Por más de 125 años, la Iglesia de Dios ha sido un movimiento dedicado a la predicación del evangelio bajo el poder del Espíritu Santo. En la actualidad, su membresía mundial sobrepasa los 7 millones a través de casi 180 países.

Explorar

Nuestro recinto

Las Oficinas Internacionales de la Iglesia de Dios radican en la esquina de las calles Keith y 25 de la ciudad de Cleveland, Tennessee.